jueves, 8 de mayo de 2014

Campaña: "Señores de Antaño" - Episodio VIII


22:30 Horas, 4 de mayo de 1198.
Camino hacia Rudna, Norte de Transilvania.

La carreta marchaba a toda velocidad por los solitarios caminos hacia Rudna, en su interior, Gerhard y Michael habían despertado hace horas tras la puesta de sol. Apenas faltaban un rato para llegar hasta la aldea, pero ya habían decidido como actuar para conseguir que los aldeanos colaborasen en la construcción de la fortaleza.

Cuando llegaron al poblado, los estaba esperando un gran número de personas, los saludaron con respeto y los hicieron pasar a la sala donde la noche anterior habían tratado con el anciano. Con el consejo del pueblo reunido, Gerhard tomó la palabra y con ese aura regia propia de los ventrue les informó de que eran los señores designados por el conde Radu para hacerse cargo de la zona y que debían de pagar tributo como corresponde a los vasallos. Valorando las distintas opciones que expuso, el consejo acepto el contribuir a la construcción con 3 grupos de 25 hombres que rotarían cada 2 días, debido a que sus tierras no permitían ausencias mayores. Con ese trabajo sustituirían el coste del tributo y además les sería comprado todo el excedente de sus cosechas para los obreros de la fortaleza. 

Satisfechos con la propuesta y con la promesa de que en 2 noches estarían en el paso los primeros obreros, se plantearon un nuevo destino para su caravana, ya que quedaban otros 4 pueblos por visitar. Pero antes, volverían hasta el paso para la reunión que tenían con la enigmática Lucita.




23:55 Horas, 4 de mayo de 1198.
Ruinas de la Antigua Torre, Paso de Tihuta.

Apenas quedaban unos minutos para la hora de la reunión y sus compañeros no habían vuelto de su viaje hasta la aldea de Rudna. Los soldados montaban guardia en el perímetro del campamento, mientras Juan miraba con insistencia hacia el camino por donde tendría que volver el carruaje. 

Llegada la hora, Pavlov y Juan se dirigieron hasta el lugar indicado, donde una figura emergió de las sombras. Por su contorno y sus bellos rasgos la reconocieron inmediatamente como Lucita la Lasombra. Con su media sonrisa, les pregunto si ya habían meditado su propuesta y si compartirían con ella la información encontrada en las tablillas. Juan, tomando de nuevo la iniciativa se volvió a negar y le dijo que no negociarían con ella hasta que llegasen sus compañeros. A lo que ella respondió en su castellano natal que era una pena que fuera un pelele en manos de otros vástagos y que le sorprendía que alguien de su clan se mostrará tan supeditado a los demás.

Mientras esta conversación se producía, Pavlov, malhumorado por no entender nada por segunda noche consecutiva, protestó a su compañero y le exigió que hablase en latín. Juan, pasando de su aliado, continuó discutiendo con Lucita es español, hasta que ella viendo la tensión entre los vástagos, se dirigió directamente hacia el Tzimisce y le preguntó si este también estaba bajo las órdenes de los ausentes. 

Enfadado con su compañero y decidido a dar por zanjado el asunto, Pavlov le relató los primeros versos de las tablillas, frente a las protestas de Juan. Satisfecha con lo obtenido e ignorando al Lasombra, Lucita le agradeció sus palabras y le dijo que no olvidaría aquel gesto de buena voluntad en el futuro. Dicho esto, se desvaneció entre las sombras con la misma facilidad con la que había aparecido.

Con al ambiente muy tenso entre los vampiros, esperaron hasta la llegada de sus compañeros que se produjo a penas una hora después. Ya todos reunidos, discutieron Juan y Gerhard contra Pavlov, siendo Michael el que mantuvo una actitud más reflexiva ante el asunto. Finalmente, el brujah medió para que dejaran a un lado sus rencillas personales y se preocupasen del objetivo común que era la construcción de la torre. A regañadientes, todos aceptaron esa circunstancial tregua y planearon que el día siguiente sería Juan el que se quedaría a solas en el campamento, yendo el resto hasta el poblado de Motavia, ya en territorio ruso. Con ese propósito se retiraron a descansar conforme despuntaban los primeros rayos del sol en el horizonate.