lunes, 17 de febrero de 2014

Campaña: "Señores de Antaño" - Episodio II



Protegidos por la noche, retomaron su camino por las empinadas calles adoquinadas hacia el distrito del castillo, pero esta vez con la compañía de la joven esclava.

Cuando apenas quedaban unas calles para llegar a la muralla que rodeaba el distrito del castillo, se cruzaron con un tipo, que desde lo alto de unas cajas se dirigió a ellos en un idioma desconocido. Ante la cara de desconcierto de los visitantes, el extraño lo intentó en húngaro, idioma habitual en la zona. Por sus rasgos y su manera de dirigirse a ellos, sabían que estaban ante otro vampiro.

"¡Deteneos, oh, niños cuyos hombros cargan con el peso de la redención!". Al oír al desconocido, Michael el Brujah, apretó contra sí a Sherazina y continuó sin prestar atención. Gerhard el Ventrue, tras observarlo durante unos instantes, continuó también andando. Juan el Lasombra, a pesar de no entender el idioma se detuvo con curiosidad y Pavlov el Tzimitce, se acercó a escuchar las palabras con una sonrisa maliciosa en la cara. 


Octavio El Oráculo

Al ver que le prestaban atención, el viejo continuó: "Mucho tiempo han buscado los ojos de Octavio más allá de lo que ha sido y será. Él despierta y debemos estar listos." Con cada frase, su voz se hacía más profunda. "Pronto os encontraréis alguien cuyos planes os llevarán al corazón del terror y la exaltación. Regocijaos, pues lo presenciaréis todo. Tenéis un papel importante en lo que se acerca". Su palabras ya salían en forma de gritos: "¡Ahh! Que la dulce sangre del corazón lave el pecado. ¡Ocho signos de las noches venideras brillan en mi visión!, os veo en cada uno de ellos. Aunque nada puede ser impedido, si es posible transformarlo mediante los actos de unos pocos. Id hijos míos, y recordad mis palabras. Prosperad y nos veremos de nuevo.

Tras dichas palabras, Octavio se quedó en silencio, con la vista perdida en la nada. Los rezagados emprendieron de nuevo el camino, mientras Juan preguntaba a Pavlov sobre el significado de aquellas palabras.

Unos minutos después, el grupo llegó hasta la plaza del mercado, en el distrito del castillo de la ciudad de Buda. No habían tenido problema para acceder a la zona a pesar de los guardias que custodiaban la muralla. Anduvieron por las zona de almacenes, hasta que un anciano con aspecto cansado se acercó a ellos. "Señores, los llevaré hasta la reunión".  

Siguieron al hombre a través de callejones hasta una puerta, por la que bajaron una vieja escalera. Bajo la ciudad de Buda, continuaron, dejando atrás estrechos pasillos y pasadizos que impedían cualquier tipo de orientación. Después de un rato, llegaron hasta una puerta metálica. Tras abrirla con llave, el anciano les indicó que accedieran. 

Todos accedieron excepto Michael, que sospechando de una trampa agarró a su guía por el pecho lo amenazó preguntando agresivamente quien lo esperaba dentro. Una voz desde dentro de la sala hizo que depusiera inmediatamente su actitud. Era Laurance de Norwich, su sire, que con enfado le dijo: "Entra inmediatamente y no me avergüences más".

Con todos dentro de la sala, no pudieron más que sorprenderse por la visión que ante ellos tenían. Todos sus sires estaban allí, sentados en una gran mesa de madera oscura. Los jóvenes sabían que algo iba mal, pues el rostro de los Sires mostraba un evidente enfado.


Los 4 Sires

El duque Adolfo III, tomó la palabra e inquirió "¿Podéis explicar porque os habéis dejado seguir hasta el lugar de la reunión por ese?" Señalando un cuerpo que yacía tumbado y con una estaca en su pecho a los pies de la mesa. Al mirarlo, todos reconocieron a Roland. Gerhard se adelanto y replicó a su sire que era un deshecho con el que se habían encontrado en la ciudad y que no esperaban que les causara problemas. Enfurecidos, los sires se intercambiaban miradas. Adolfo  continuó señalando a Sherazina: "¿Y que explicación tiene eso? ¿Acaso estaba invitada esa mortal a la reunión?". Tras esas palabras levanto un mano e hizo un rápido gesto a la joven. Con los ojos en blanco y sin expresión ninguna, se separó de Michael y se fue hasta una de las esquinas de la sala, poniéndose se rodillas con el rostro contra la pared.

Otro de los presentes fue el siguiente en hablar, Felice de Berengar, sire de Juan, se excusó ante una figura que hasta ese momento había estado oculta entre las sobras de la habitación: "Su excelencia, lamentamos la incompetencia de nuestros chiquillos, y podemos asegurar que no volverán a cometer este tipo de errores".

Haciendo con la mano un gesto que le restaba importancia a las palabras de Felice, el desconocido comenzó a hablar dirigiéndose a los recién llegados: "Refrescaros, estaréis exhaustos después de un viaje tan largo". Les dijo mientras señalaba un viejo sarcófago de piedra al fondo de la sala. Tras el gesto de conformidad de los sires, los chiquillos fueron hasta allí, encontrando cuatro jóvenes criadas, que se arrodillaron ante ellos ofreciendo sus cuellos para que se alimentaran.

"Por favor, disfrutar de ellas. Os hablaré de la petición mientras os alimentáis." Continuó el desconocido mientras los jóvenes comenzaban a 'Besar' a las doncellas: "Me llamo Tiberiu. Mi señor ha pedido esta reunión para ofreceros una gran oportunidad. Vuestros Sires le han asegurado que estaréis encantados  de ayudarlo y aseguraros un cómodo futuro. Tendríais que viajar a la frontera oriental de Hungría. A la región conocida como Transilvania. En lo alto de los Cárpatos, más allá de la ciudad de Bistritz, hay un paso natural entre las  montañas llamado el Paso de Tihuta. Como principal acceso a Transilvania desde el Este, tiene una gran importancia estratégica". Conforme iba hablando, observaba con detenimiento a cada uno de los presentes.

Tiberiu el Mensajero

Tiberiu continuó hablando: "La petición de mi Señor es que vayáis a dicho paso y construyáis una fortaleza para vigilar esa ruta. Se os adelantaría cierta suma de dinero  para cubrir los costes de contratar guardias y buenos trabajadores. Aunque me aseguran  vuestros Señores", dijo señalando a los sires, "que obtendréis recursos para completar el  trabajo por vuestros propios medios. Dado que os haréis cargo de las tierras y aldeas de  los alrededores, podréis cobrar impuestos a los campesinos y usar sus servicios. Afortunadamente los cimientos ya están allí, pues antes había una vieja torre de madera.  Podréis usar los cimientos de piedra y construir sobre ellos. Se espera que para el invierno  hayáis construido por lo menos hasta el primer piso."  

Tras unos segundos de silencio, les preguntó: "¿Tenéis alguna duda?", aun sorprendidos el silencio fué la única respuesta, por lo que sentándose en la presidencia de la mesa, el mensajero dijo: 

"Cumplid bien esta tarea, y vuestros Sires y el Conde Radu estarán encantados de  proponeros como candidatos a gobernar varios feudos en Transilvania. Varias ciudades  carecen actualmente de príncipe.  Los jóvenes cainitas que demuestren su lealtad, inteligencia y dotes de mando descubrirán lo generosos que serán con las recompensas." 

Dándolo por supuesto, siguió: "Aceptáis el encargo, ¿verdad?". Tras el asentimiento de los vástagos y las palabras imperceptibles de aceptación, Tiberiu continuó: "Hay otro pequeño favor que tendréis que hacerle a vuestro patrón. Un asunto de poca importancia para cualquier otro que no sea él. Se rumorea que entre las ruinas de la torre, puede haber algunos viejos escritos... documentos o tablas en viejos idiomas ya olvidados. Si los encontráis, los querría para su colección. Sabe que es una frivolidad, pero esos pasatiempos alivian el tedio de su existencia. Por favor, avisar si encontráis algún escrito  y mandará un agente que los recoja. En el caso de que os enteréis de la existencia de otros y de su ubicación, también contaréis con la gratitud de vuestro patrón por dicha información." 

Adelantándose y tras haberse alimentado, los cuatro vástagos se comprometieron a llevar la empresa buen término y a colaborar para que fuera un éxito. Tenían ante ellos una posibilidad única para ganar posición dentro de la estirpe, pero eran conocedores que un fracaso tendría consecuencias muy graves. Perdiendo la confianza de sus Sires y además nunca podrían volver a acceder al control de un feudo si no eran capaces de erigir una simple torre.

Con el ambiente más relajado, Tiberiu les invitó a pasar por la ciudad de Bistrith, donde el Conde Radu tenía su fortaleza. Estaría encantado de conocerlos en persona y resolver cualquier detalle de la petición con la que tuvieran dudas. Los obsequió con los guías que habían tenido hasta la ciudad, y dos guardias personales para cada uno. Además podrían disponer de dos de las diligencias que habían usado en sus viajes, así como de los títulos de crédito para comenzar las obras. Excusándose, Tiberiu se despidió educadamente y se fue de la reunión, dejando solos a los chiquillos con sus sires.

Ante las preguntas de los jóvenes, los sires explicaron que tenían una deuda con el Conde Radu, y que sus acciones podrían saldar dicha deuda. Ante las quejas de Michael, su sire le recordó que las cosas no son siempre como uno quiere y que ser su chiquillo implicaba cosas más allá, que su joven mente era incapaz de ver. Tras la reprimenda velada y con el resto de los vástagos preparados para la misión, recibieron las llaves de una casa al oeste del barrio del mercado. En ella podrían descansar durante un par de noches, antes de emprender el camino hacia el norte.

Ya en el viejo sótano de la casa que les habían dejado, Michael hizo de Sherazina su ghoul, dándole de beber su sangre. Y Comenzaron a hacer los planes de viaje y preparativos para el viaje.