martes, 17 de mayo de 2016

Personaje de Vampiro v20: IX - Nueve (Caitiff)



Hoy tengo el gusto de traeros un personaje muy especial para mí. A pesar de ser un caitiff con todos los handicaps que eso implica, lo pasé muy bien jugándolo y supuso salir de mi zona de confort con personajes sociales. Espero que disfrutéis de este personaje que creo que puede dar mucho juego por su enigmático pasado. 


TRASFONDO

HOY

La joven prostituta subía las escaleras contorneando las caderas. Tras ella, una misteriosa figura la seguía. Cuando llegaron ante la puerta del apartamento, se apresuró a abrir y girarse para que el desconocido viera como le guiñaba el ojo con picardía.

- Siéntate y ponte cómodo. Dijo la joven mientras se quitaba el abrigo y lo lanzaba sobre un perchero. - ¿Quieres beber algo? Creo que hay ron en la cocina.

El hombre observó como la chica se perdía por el pasillo y se sentó en el único sofá que había en el pequeño apartamento. Se habían conocido hace unas semanas atrás, cuando unos macarras la intentaron violar tras quitarle lo poco que había ganado esa noche. Ninguno de ellos intuía la figura que desde las sombras observaba la escena. Tras unos segundos escuchando las risas de aquella escoria y los llantos de la joven, el vástago se había decidido actuar. Ninguno de ellos fue rival para su velocidad ni su fuerza. En apenas unos segundos, los cinco tipos estaban tumbados, con los rostros ensangrentados y algún que otro hueso roto. Desconocía el motivo que lo había llevado a actuar así e incluso desconocía donde había aprendido a pelear, pero eran cosas que le salían de manera instintiva. Llevó a la chica hasta uno de los tugurios cercanos y la dejó en manos de sus compañeras de profesión.

Desde aquella noche, se habían visto con frecuencia. Él acudía cada anochecer al bar donde ella y sus amigas ofrecían sus servicios. Situándose en la última mesa, observaba como putas, camellos y delincuentes de poca monta hacían sus negocios. La joven, aún con el rostro marcado, le ofreció recompensarlo por  su ayuda, pero él siempre había rechazado el ofrecimiento… Hasta aquella noche.



AYER

Unas poderosas garras sacaron el cuerpo del agua. Maltrecho tras golpear contra las rocas, estaba prácticamente roto. Un rostro deforme estudio con detenimiento su ‘pesca’ tras apoyarlo sobre terreno firme. Un cuerpo flotando en una pequeña cala al sur de Venecia no era algo raro. Sin embargo, que dichos restos correspondieran a un vástago, no era tan habitual.

Observo con atención en busca de cualquier atisbo de información que pudiera obtener. Las ropas estaban deterioradas por el efecto del agua salada y los filos de las rocas habían terminado por hacerlas jirones. No llevaba cartera que pudiera identificarlo. Algo entre las manos le llamó la atención. Ambas, unidas, parecían proteger algo entre ellas. Con esfuerzo consiguió arrancar de aquellos inertes dedos una gorra negra. ¿Qué valor tendría aquel objeto como para no haberlo soltado a pesar de haber caído al mar?. Intentando buscar explicación a aquel enigma, la enorme cantidad de ratas que rodeaba la escena se pudieron a chillar. El amanecer despuntaba por el horizonte y el monstruo debía de tomar una decisión. Agarrando una de las extremidades, arrastró torpemente el cuerpo hasta el colector número IX.



HOY

El apartamento era pequeño, sin embargo, parecía confortable. El ruido de la ducha que llevaba sonando unos minutos, dejó de escucharse. La chica entró en la sala con una toalla que apenas cubría su húmedo cuerpo.

- Aún no he podido agradecerte lo que hiciste por mí. Susurraba mientras dejaba caer la toalla y comenzaba a acariciar sensualmente la frente a su salvador.

Él la observaba con atención. Estaba seguro que en el pasado, aquellas caricias le habrían aumentado las pulsaciones, desatando todo su deseo. Quizá la hubiera agarrado por las muñecas y la hubiera tomado durante horas. Pero todos aquellos sentimientos, habían muerto con él.

Con el roce de aquel cálido cuerpo perfumado le permitía sentir a escasos centímetros de su boca las arterias cargadas de sangre de la joven. Aquello le hizo recordar las primeras veces que se había alimentado. Nunca olvidaría el sabor cobrizo de la sangre de alimañas que vertían cada noche en su garganta para curar su maltrecho cuerpo. Jamás podría decir si pasaron semanas o meses, pero la vitae obró su efecto y despertó entre harapos, rodeado de ratas, en lo que debían de ser las alcantarillas de alguna vieja ciudad.



AYER

Poco a poco recupero la capacidad de hablar y fue cuando empezaron las preguntas. Sin embargo, todos y cada uno de los interrogatorios a los que fue sometido, fueron infructuosos. Su memoria estaba vacía de recuerdos.

Pasó el tiempo, y aprendió del monstruo todo lo que debía de saber sobre su condición y del mundo que lo rodeaba. Su deforme compañero se hacía llamar Brutta y pertenecía al clan de vástagos conocidos como nosferatus. Sin familia, ni recuerdos, sin ni siquiera nombre, fue llamado IX (Nueve), por haber sido encontrado junto al colector de alcantarillado con dicho número. 

Cada noche leía con interés los libros y pergaminos que su anfitrión guardaba con esmero. Ocasionalmente, salían de su refugio y aprovechaban para recorrer las solitarias calles de Moranzani, al sur de la ciudad de Venecia. Así aprendió a pasar desapercibido y que los ojos de los demás, no reparasen en su presencia.

Tras más de un año, el cuerpo de Nueve se recuperó por completo de las terribles heridas con las que fue encontrado. Y con su ‘hermano’ Brutta, aprendió todo aquello que cualquier vampiro debía de conocer.



HOY

El cuerpo de la joven dormida yacía tumbado a su lado. Aún tenía el dulce sabor de su sangre en la boca. En ese momento pudo oír cómo se abría violentamente la puerta del apartamento, sucediéndose una serie de gritos y golpes. Malhumorado por la interrupción de su momento de reflexión, se levantó de la cama y avanzó por el pasillo hasta el salón.

Dos jóvenes estaban sentadas en el sofá, una tenía el labio roto y la otra intentaba contener el llanto. Tres tipos voceaban en un idioma que él no entendió. Cuando se percataron de su presencia, el más grande de los tres, le preguntó que quien era con un marcado acento de Europa del este.

¿Que quién era?, ojalá lo supiera. No sabía nada de su vida antes de aquel momento en el que Brutta lo sacó del mar. Tan sólo la vieja gorra negra que el nosferatu encontró entre sus manos era la prueba de que había existido antes.

- Soy el que os va a dar por el culo hasta que la boca os huela a mí. Dijo mientras sonreía con malicia.



AYER

La no-vida con Brutta era cómoda, pero el vacío en su cabeza lo consumía por dentro. Así, un día tomo la decisión de partir, de buscar su pasado. Junto al colector número nueve de Moranzani, allí donde fue encontrado flotando entre las rocas, se despidió de Brutta. Con la solemne promesa de devolverle algún día todo aquello que había hecho por él.

Tan sólo sabía lo que ponía en la vieja gorra negra: “Black Seven - South Italy”. Nueve se dirigió al sur de Italia. En su viaje, coincidió con otros vástagos. Como él, estaban solos en el mundo y se habían juntado para protegerse de aquellos que se hacían llamar Sabbat. Marco era de la familia de los Gangrel. Le encantaba que viajaran por zonas rurales, como si fuera un animal, incluso a veces adoptaba los rasgos de estos para perderse durante horas, alcanzándolos antes del amanecer. Su otra compañera de viaje, se llamaba Amelia. Todos pensaban que estaba loca, porque era descendiente de Malkav. Sin embargo, cuando hablaba, lo hacía con una sensibilidad que conmovía los sentimientos de Nueve.

Recordaba aquella etapa con cariño. Se complementaban bien y cada uno aportaba algo al grupo, estrechando los lazos de afecto y lealtad que había entre ellos. Marco le enseñó a profundizar en su lado animal, a ser uno con la naturaleza, mientras Amelia, le mostró el mundo con otros sentidos. Para que fuera capaz de observar lo que otros son incapaces de ver. Pero lo que más le marcó, fue la libertad. La posibilidad de hacer lo que quisiera cuando quisiera. Compadeciéndose de todos aquellos vástagos que servían como siervos en las ciudades por las que pasaban.



HOY

Los tres macarras se abalanzaron con fiereza sobre Nueve, descargando golpes y profiriendo gritos amenazantes. Sin embargo, sus ojos leían los ataques de sus oponentes incluso antes de que fueran lanzados. Esquivándolos con una facilidad pasmosa y descargando toda la furia de sus puños sobre sus enemigos, los fue incapacitando uno a uno.

El sonido de un disparo rompió la habitación y desde el marco de la puerta, un cuarto atacante había disparado al pecho de Nueve y lo observaba tras el cañón humante de un revolver. Ante su estupefacción, Nueve le gruñó:

- ¿Piensas que tu juguete va a detenerme?. Lanzándose a por el recién llegado, lo cogió entre sus manos y lo levantó del suelo, acercándose a su cara y susurrándole mientras dejaba ver unos afilados colmillos en su boca. La próxima vez que os vea cerca de cualquiera de estas mujeres, os mataré.

Lo lanzó por la ventana, provocando una lluvia de cristales tras el cuerpo. Uno a uno fue arrojándolos como si de trastos viejos se tratasen, Mientras caían sobre un contenedor de basura que recibía con indiferencia a los matones.

- Lamento lo de las ventanas, pero esos ya no os molestarán más.



AYER

En la ciudad de Potenza se despidió de Marco y Amelia. Había aprendido mucho de ellos y siempre los tendría como fieles amigos. A partir de ese momento, comenzó a buscar información sobre ese “Black Seven - South Italy”. Muchos fueron los vástagos y humanos a los que interrogó, pero nadie le pudo aportar la más mínima información.

Desesperado en su infructuosa búsqueda, le sugirieron que recurriese a una poderosa familia de vástagos, llamados Giovanni. Así lo hizo y tras tratar con varios ghouls, fue atendido por un vampiro llamado Gaël.

Era un tipo callado y serio. Apuntaba cuanto hablaban en una pequeña agenda. Le contó su problema y le pregunto si la familia Giovanni podría ayudarlo. El precio de un trabajo como aquel, era mucho más de lo que él podía pagar. Sin embargo le propuso un trato que pudiera favorecerlos a los dos. Nueve trabajaría para él, haciendo ese tipo de trabajos en los que los Giovanni “no” estaban implicados, y cuando reuniera la suma necesaria, comenzarían las investigaciones.

Nueve, sin nada que perder, tan solo puso una condición. Sería él quien decidiera que trabajos aceptaba y cuáles no. No estaba dispuesto a comprometerse y arriesgar su tan ansiada libertad. Gaël aceptó las condiciones y comenzaron a colaborar ocasionalmente.

Unos meses después, el Giovanni informó a Nueve de que dejaría la ciudad de Potenza y por sus negocios se establecería en una isla española llamada Ibiza. Ofreciéndole que fuera con él para seguir desempeñando la misma labor que hacía en Italia. Sin nada que lo retuviera, aceptó de nuevo el trato. Y así viajó hasta España.  



HOY

Las jóvenes prostitutas, a las que se había sumado la que descansaba en el dormitorio, estaban atónitas. Los maleantes que habían estado extorsionándolas durante meses, no volverían a molestarlas. Le ofrecieron que las protegiera, a cambio de una parte de sus beneficios. Sin embargo, Nueve rechazó la oferta cortésmente. Aun así, les prometió que pasaría alguna noche por la casa.

Tras despedirse de ellas, bajó a la calle y se dirigió al pequeño barco en el que había llegado hace unas semanas a la ciudad costera de Torrevieja. Vino desde Ibiza transportando a unos vástagos que huían de sabbat. Gaël le había ofrecido una cifra interesante porque los llevase hasta dicha ciudad.


El transporte fue rápido y en apenas un par de horas habían llegado al puerto de destino. Desde allí acompañó a los recién llegados hasta el elíseo, para que se presentasen ante el Príncipe correspondiente. Con la autorización para residir en Torrevieja y sin otro quehacer, decidió pasar una temporada allí. Había hecho buenas migas con los dos miembros de la familia Brujah que había transportado y quien sabe lo que podría depararle el futuro en esa nueva etapa de su viaje…

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Hoja de Personaje