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martes, 17 de mayo de 2016

Personaje de Vampiro v20: IX - Nueve (Caitiff)



Hoy tengo el gusto de traeros un personaje muy especial para mí. A pesar de ser un caitiff con todos los handicaps que eso implica, lo pasé muy bien jugándolo y supuso salir de mi zona de confort con personajes sociales. Espero que disfrutéis de este personaje que creo que puede dar mucho juego por su enigmático pasado. 


TRASFONDO

HOY

La joven prostituta subía las escaleras contorneando las caderas. Tras ella, una misteriosa figura la seguía. Cuando llegaron ante la puerta del apartamento, se apresuró a abrir y girarse para que el desconocido viera como le guiñaba el ojo con picardía.

- Siéntate y ponte cómodo. Dijo la joven mientras se quitaba el abrigo y lo lanzaba sobre un perchero. - ¿Quieres beber algo? Creo que hay ron en la cocina.

El hombre observó como la chica se perdía por el pasillo y se sentó en el único sofá que había en el pequeño apartamento. Se habían conocido hace unas semanas atrás, cuando unos macarras la intentaron violar tras quitarle lo poco que había ganado esa noche. Ninguno de ellos intuía la figura que desde las sombras observaba la escena. Tras unos segundos escuchando las risas de aquella escoria y los llantos de la joven, el vástago se había decidido actuar. Ninguno de ellos fue rival para su velocidad ni su fuerza. En apenas unos segundos, los cinco tipos estaban tumbados, con los rostros ensangrentados y algún que otro hueso roto. Desconocía el motivo que lo había llevado a actuar así e incluso desconocía donde había aprendido a pelear, pero eran cosas que le salían de manera instintiva. Llevó a la chica hasta uno de los tugurios cercanos y la dejó en manos de sus compañeras de profesión.

Desde aquella noche, se habían visto con frecuencia. Él acudía cada anochecer al bar donde ella y sus amigas ofrecían sus servicios. Situándose en la última mesa, observaba como putas, camellos y delincuentes de poca monta hacían sus negocios. La joven, aún con el rostro marcado, le ofreció recompensarlo por  su ayuda, pero él siempre había rechazado el ofrecimiento… Hasta aquella noche.



AYER

Unas poderosas garras sacaron el cuerpo del agua. Maltrecho tras golpear contra las rocas, estaba prácticamente roto. Un rostro deforme estudio con detenimiento su ‘pesca’ tras apoyarlo sobre terreno firme. Un cuerpo flotando en una pequeña cala al sur de Venecia no era algo raro. Sin embargo, que dichos restos correspondieran a un vástago, no era tan habitual.

Observo con atención en busca de cualquier atisbo de información que pudiera obtener. Las ropas estaban deterioradas por el efecto del agua salada y los filos de las rocas habían terminado por hacerlas jirones. No llevaba cartera que pudiera identificarlo. Algo entre las manos le llamó la atención. Ambas, unidas, parecían proteger algo entre ellas. Con esfuerzo consiguió arrancar de aquellos inertes dedos una gorra negra. ¿Qué valor tendría aquel objeto como para no haberlo soltado a pesar de haber caído al mar?. Intentando buscar explicación a aquel enigma, la enorme cantidad de ratas que rodeaba la escena se pudieron a chillar. El amanecer despuntaba por el horizonte y el monstruo debía de tomar una decisión. Agarrando una de las extremidades, arrastró torpemente el cuerpo hasta el colector número IX.



HOY

El apartamento era pequeño, sin embargo, parecía confortable. El ruido de la ducha que llevaba sonando unos minutos, dejó de escucharse. La chica entró en la sala con una toalla que apenas cubría su húmedo cuerpo.

- Aún no he podido agradecerte lo que hiciste por mí. Susurraba mientras dejaba caer la toalla y comenzaba a acariciar sensualmente la frente a su salvador.

Él la observaba con atención. Estaba seguro que en el pasado, aquellas caricias le habrían aumentado las pulsaciones, desatando todo su deseo. Quizá la hubiera agarrado por las muñecas y la hubiera tomado durante horas. Pero todos aquellos sentimientos, habían muerto con él.

Con el roce de aquel cálido cuerpo perfumado le permitía sentir a escasos centímetros de su boca las arterias cargadas de sangre de la joven. Aquello le hizo recordar las primeras veces que se había alimentado. Nunca olvidaría el sabor cobrizo de la sangre de alimañas que vertían cada noche en su garganta para curar su maltrecho cuerpo. Jamás podría decir si pasaron semanas o meses, pero la vitae obró su efecto y despertó entre harapos, rodeado de ratas, en lo que debían de ser las alcantarillas de alguna vieja ciudad.



AYER

Poco a poco recupero la capacidad de hablar y fue cuando empezaron las preguntas. Sin embargo, todos y cada uno de los interrogatorios a los que fue sometido, fueron infructuosos. Su memoria estaba vacía de recuerdos.

Pasó el tiempo, y aprendió del monstruo todo lo que debía de saber sobre su condición y del mundo que lo rodeaba. Su deforme compañero se hacía llamar Brutta y pertenecía al clan de vástagos conocidos como nosferatus. Sin familia, ni recuerdos, sin ni siquiera nombre, fue llamado IX (Nueve), por haber sido encontrado junto al colector de alcantarillado con dicho número. 

Cada noche leía con interés los libros y pergaminos que su anfitrión guardaba con esmero. Ocasionalmente, salían de su refugio y aprovechaban para recorrer las solitarias calles de Moranzani, al sur de la ciudad de Venecia. Así aprendió a pasar desapercibido y que los ojos de los demás, no reparasen en su presencia.

Tras más de un año, el cuerpo de Nueve se recuperó por completo de las terribles heridas con las que fue encontrado. Y con su ‘hermano’ Brutta, aprendió todo aquello que cualquier vampiro debía de conocer.



HOY

El cuerpo de la joven dormida yacía tumbado a su lado. Aún tenía el dulce sabor de su sangre en la boca. En ese momento pudo oír cómo se abría violentamente la puerta del apartamento, sucediéndose una serie de gritos y golpes. Malhumorado por la interrupción de su momento de reflexión, se levantó de la cama y avanzó por el pasillo hasta el salón.

Dos jóvenes estaban sentadas en el sofá, una tenía el labio roto y la otra intentaba contener el llanto. Tres tipos voceaban en un idioma que él no entendió. Cuando se percataron de su presencia, el más grande de los tres, le preguntó que quien era con un marcado acento de Europa del este.

¿Que quién era?, ojalá lo supiera. No sabía nada de su vida antes de aquel momento en el que Brutta lo sacó del mar. Tan sólo la vieja gorra negra que el nosferatu encontró entre sus manos era la prueba de que había existido antes.

- Soy el que os va a dar por el culo hasta que la boca os huela a mí. Dijo mientras sonreía con malicia.



AYER

La no-vida con Brutta era cómoda, pero el vacío en su cabeza lo consumía por dentro. Así, un día tomo la decisión de partir, de buscar su pasado. Junto al colector número nueve de Moranzani, allí donde fue encontrado flotando entre las rocas, se despidió de Brutta. Con la solemne promesa de devolverle algún día todo aquello que había hecho por él.

Tan sólo sabía lo que ponía en la vieja gorra negra: “Black Seven - South Italy”. Nueve se dirigió al sur de Italia. En su viaje, coincidió con otros vástagos. Como él, estaban solos en el mundo y se habían juntado para protegerse de aquellos que se hacían llamar Sabbat. Marco era de la familia de los Gangrel. Le encantaba que viajaran por zonas rurales, como si fuera un animal, incluso a veces adoptaba los rasgos de estos para perderse durante horas, alcanzándolos antes del amanecer. Su otra compañera de viaje, se llamaba Amelia. Todos pensaban que estaba loca, porque era descendiente de Malkav. Sin embargo, cuando hablaba, lo hacía con una sensibilidad que conmovía los sentimientos de Nueve.

Recordaba aquella etapa con cariño. Se complementaban bien y cada uno aportaba algo al grupo, estrechando los lazos de afecto y lealtad que había entre ellos. Marco le enseñó a profundizar en su lado animal, a ser uno con la naturaleza, mientras Amelia, le mostró el mundo con otros sentidos. Para que fuera capaz de observar lo que otros son incapaces de ver. Pero lo que más le marcó, fue la libertad. La posibilidad de hacer lo que quisiera cuando quisiera. Compadeciéndose de todos aquellos vástagos que servían como siervos en las ciudades por las que pasaban.



HOY

Los tres macarras se abalanzaron con fiereza sobre Nueve, descargando golpes y profiriendo gritos amenazantes. Sin embargo, sus ojos leían los ataques de sus oponentes incluso antes de que fueran lanzados. Esquivándolos con una facilidad pasmosa y descargando toda la furia de sus puños sobre sus enemigos, los fue incapacitando uno a uno.

El sonido de un disparo rompió la habitación y desde el marco de la puerta, un cuarto atacante había disparado al pecho de Nueve y lo observaba tras el cañón humante de un revolver. Ante su estupefacción, Nueve le gruñó:

- ¿Piensas que tu juguete va a detenerme?. Lanzándose a por el recién llegado, lo cogió entre sus manos y lo levantó del suelo, acercándose a su cara y susurrándole mientras dejaba ver unos afilados colmillos en su boca. La próxima vez que os vea cerca de cualquiera de estas mujeres, os mataré.

Lo lanzó por la ventana, provocando una lluvia de cristales tras el cuerpo. Uno a uno fue arrojándolos como si de trastos viejos se tratasen, Mientras caían sobre un contenedor de basura que recibía con indiferencia a los matones.

- Lamento lo de las ventanas, pero esos ya no os molestarán más.



AYER

En la ciudad de Potenza se despidió de Marco y Amelia. Había aprendido mucho de ellos y siempre los tendría como fieles amigos. A partir de ese momento, comenzó a buscar información sobre ese “Black Seven - South Italy”. Muchos fueron los vástagos y humanos a los que interrogó, pero nadie le pudo aportar la más mínima información.

Desesperado en su infructuosa búsqueda, le sugirieron que recurriese a una poderosa familia de vástagos, llamados Giovanni. Así lo hizo y tras tratar con varios ghouls, fue atendido por un vampiro llamado Gaël.

Era un tipo callado y serio. Apuntaba cuanto hablaban en una pequeña agenda. Le contó su problema y le pregunto si la familia Giovanni podría ayudarlo. El precio de un trabajo como aquel, era mucho más de lo que él podía pagar. Sin embargo le propuso un trato que pudiera favorecerlos a los dos. Nueve trabajaría para él, haciendo ese tipo de trabajos en los que los Giovanni “no” estaban implicados, y cuando reuniera la suma necesaria, comenzarían las investigaciones.

Nueve, sin nada que perder, tan solo puso una condición. Sería él quien decidiera que trabajos aceptaba y cuáles no. No estaba dispuesto a comprometerse y arriesgar su tan ansiada libertad. Gaël aceptó las condiciones y comenzaron a colaborar ocasionalmente.

Unos meses después, el Giovanni informó a Nueve de que dejaría la ciudad de Potenza y por sus negocios se establecería en una isla española llamada Ibiza. Ofreciéndole que fuera con él para seguir desempeñando la misma labor que hacía en Italia. Sin nada que lo retuviera, aceptó de nuevo el trato. Y así viajó hasta España.  



HOY

Las jóvenes prostitutas, a las que se había sumado la que descansaba en el dormitorio, estaban atónitas. Los maleantes que habían estado extorsionándolas durante meses, no volverían a molestarlas. Le ofrecieron que las protegiera, a cambio de una parte de sus beneficios. Sin embargo, Nueve rechazó la oferta cortésmente. Aun así, les prometió que pasaría alguna noche por la casa.

Tras despedirse de ellas, bajó a la calle y se dirigió al pequeño barco en el que había llegado hace unas semanas a la ciudad costera de Torrevieja. Vino desde Ibiza transportando a unos vástagos que huían de sabbat. Gaël le había ofrecido una cifra interesante porque los llevase hasta dicha ciudad.


El transporte fue rápido y en apenas un par de horas habían llegado al puerto de destino. Desde allí acompañó a los recién llegados hasta el elíseo, para que se presentasen ante el Príncipe correspondiente. Con la autorización para residir en Torrevieja y sin otro quehacer, decidió pasar una temporada allí. Había hecho buenas migas con los dos miembros de la familia Brujah que había transportado y quien sabe lo que podría depararle el futuro en esa nueva etapa de su viaje…

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Hoja de Personaje


martes, 12 de mayo de 2015

Ladrones de Ley: Un día cualquiera.



Me despierto con el ruido del despertador. En la radio suena  I’mshipping up to Boston de los Dropkick Murphys y un agradable olor a café recién hecho llega hasta mi dormitorio. 

Me levanto y me dirijo a la cocina del apartamento, donde veo a Jodie de espaldas. Esta preparando el desayuno. Jodie tiene 21 años y el cuerpo de una diosa, trabaja en uno de los clubs de Coonan, el “Bohemians”. A veces cuando tengo un día complicado, la recojo a la salida del club y pasa la noche aquí. Si alguna vez me decido a formar una familia, serían sus hermosas tetas las que querría ver cada mañana cuando me despierte.

Tras beberme el café y darme una ducha con Jodie, suena el teléfono. Es Benny Donovan, para decirme que hoy tengo que cobrar en los locales de la zona oeste. Me visto con rapidez: unos vaqueros, las botas, una camisa y mi cazadora de cuero. Bajo directamente al garaje, donde subo a mi camioneta GMC y salgo a la calle, dirigiéndome al oeste de Hell´s Kitchen.

Mi trabajo es sencillo, cobro la protección, las chicas y las máquinas tragaperras que los Westies prestan a los locales nocturnos de Hell´s Kitchen. Los Westies, como es conocida en la calle la mafia irlandesa, está actualmente dirigida por Jimmy Coonan, que controla cualquier actividad delictiva que de dinero en la zona de Hell´s Kitchen.

La ruta es la habitual, casas de putas, barras americanas, salas de juego, locales nocturnos y discotecas. La rutina de siempre: llego al local con cara de mala ostia, y el dueño acojonado suelta el sobre cargado de pasta. La mañana va como la seda.

Después de comer en el pub de Bobby McManamara, continúo la ruta de cobro. A media tarde he terminado la ronda y me dirijo al centro para entregar el dinero, cuando recibo una llamada de Donovan. Me dice que hay problemas en el “Old School”, y quiere que vaya y lo solucione. Me cago en la puta, ahora tengo que volver otra vez a la zona oeste.

Tras conducir hasta allí, encuentro la puerta del Garito cerrada. La abro y encuentro en su interior a Paulie con gesto preocupado. Paulie es un viejo irlandés que está al frente de "The Old School", uno de los pubs tradicionales de Hell´s Kitchen. Siempre ha pagado puntual la protección y me consta que es amigo de la infancia de Coonan.


El pub irlandés "The Old School" al oeste de Hell's Kitchen.


- “¿Que cojones pasa?”. Pregunto malhumorado. Puedo ver dos negros sentados en una de las mesas que se levantan cuando me ven entrar. El más alto se dirige hacía mí, mientras el otro me dice: – “Esta calle es ahora de nuestra propiedad, así que hasta que el viejo no pague, no podrá abrir”.

Respuesta equivocada. Cuando el negraco se me encara, la reacción es instintiva, un potente cabezazo lo hace retroceder unos pasos. Lo justo para parle una terrible patada con mis botas en las pelotas. El resultado es inmediato, un mono incapacitado en el suelo y el otro más blanco que el culo de una monja.

Antes de que sean capaces de reaccionar, ya los estoy encañonando con mis dos Berettas. Putos negros, por tener una pipa ya se creen gánsteres, pero estos dos gilipollas han elegido mal día para jugar a los malos. Me inclino y sin dejar de apuntar al otro, meto con dureza el cañón de una de mis pistolas en la boca de ese desgraciado que hay en el suelo.

- “Levanta mierda seca”. Puedo ver su rostro ensangrentado y como las lágrimas corren por sus mejillas. Lo voy guiando hasta una de las mesas del fondo y sin sacarle el cañón de la boca les indico que se sienten.

- “Morenos, este local está bajo la protección de los Westies”. Puedo ver como esa escoria palidecen aún más al oír el nombre de unos gánsteres de verdad. “Si vuelvo a veros a menos de 100 metros de uno de nuestros locales, me encargaré personalmente de que volváis a casa dentro de un paquete de comida para perros”

Ven como mi rostro permanece fruncido, y ellos se apresuran a asentir sin decir nada. -“Ahora, largo”. No he terminado la frase y ya están saliendo como locos por la puerta. Esos dos no volverán a molestar a un irlandés.

Paulie me da las gracias mientras me sirve un tapón de whisky y una jarra de guinness. Con las servilletas que hay sobre la barra voy limpiando la sangre y las babas del cañón de mi pipa, con aire ausente. Durante esos minutos, Paulie no para de decirme lo mal que están los tiempos y el poco respeto que tiene ahora la gente.

Cuando empiezan a entrar los primeros clientes al bar, me despido con un ademán de la mano. Vuelvo al coche y una fina lluvia comienza a mojarlo todo. La vuelta hasta el centro es lenta, parece que la gente se vuelva gilipollas con el coche cuando llueve. Voy directo al local de Donovan, cuando llego, saludo a los chicos que están en la barra.

Tomo una cerveza con ellos, hasta que Benny Donovan me llama desde el despacho. Entro y le doy la cartera con el dinero. Le informo que han pagado todos y de los rumores que me han contado en cada local. Después de unos minutos en silencio mientras que cuenta el dinero, me pregunta por Paulie, le explico lo sucedido y le aseguro de que esos monos no volverán a molestar. Donovan me conoce desde hace años y sabe que puedo ser muy convincente.

Benny me da el ok, y me despide hasta el día siguiente. Salgo del despacho, tomo un par de cervezas más y ceno en el local con los chicos. Cuando empiezan a cerrar me despido y vuelvo canturreando hasta el coche. Pienso en pasar por el “Bohemians” para recoger a Jodie, pero estoy cansado y tengo ganas de estar solo.

Conduzco ausente hasta mi apartamento, dejo la camioneta en el garaje y subo con el ascensor hasta casa. Me pongo cómodo y enciendo la televisión. Sentado sobre mi cómodo sillón voy pasando de canal en canal hasta que el sueño termina por vencerme. 

martes, 9 de diciembre de 2014

Relato "Canción de Hielo y Fuego" - Vyathor Targaryen (Parte I)



Como cada mañana, los graznidos de los cuervos vuelven a despertarme. Odio esta habitación tan cerca del tejado. Me levanto con rapidez y me remojo la cara en la palangana que hay sobre el aparador de madera. Salgo al vestidor, donde tengo una muda limpia de color negro con cabezas de dragón bordadas en rojo sobre el pecho. Mientras me visto, entra Ariten.

Ariten es un hombre muy mayor. Siempre va vestido con su túnica y polainas azules. Lleva al servicio de mi madre desde antes de que faltara mi padre. Es un buen hombre y mi madre tiene depositada toda su confianza en él.

- Mi señor, su madre le espera. Me susurra desde el fondo de la estancia.

- ¿Mi madre a estás horas?. Pregunto sorprendido.- ¿Ha ocurrido algo?

- No se, mi señor. Tan sólo me ha pedido que le avise de que lo espera en la sala de los tapices. Responde un tanto incómodo ante mi reacción.

Cuando termino de vestirme, observo mi reflejo en el espejo. Mis ojos violetas se recrean en mi porte. Otros podrían ver en eso vanidad. Yo veo superioridad. Soy un Targaryen, Vyathor Targaryen. Hijo de Vyadarr Targaryen, segundo de su nombre, jinete de Azureon “el indomable”, señor de los cielos, hijo del gran señor de Rocadragón, Lord Varathor Targaryen, y muerto a traición por los rebeldes en Harrenhall.

Salgo de la estancia con gesto serio. Mi madre no acostumbra a llamarme a las estancias principales. Camino con rapidez, Ariten apenas puede seguirme. Cuando llego a las puertas de la sala, veo como dos soldados vestidos con armaduras rojas custodian el acceso. Pertenecen a la guardia personal de mi abuelo. Antes de tocar la puerta, oigo una airada conversación en el interior. Golpeo con suavidad la madera anunciando mi llegada.

- Adelante. Oigo como ruge la autoritaria voz de Lord Varathor.

Entro en silencio. La sala está iluminada por los amplios ventanales que se abren en la pared. La luz da un mayor realismo a los tapices que cubren las paredes. Escenas de batallas, castillos envueltos en llamas, dragones arrasando ejércitos…

Mi madre está sentada con gesto serio frente a una imponente mesa de roble. Al otro lado, Lord Ishkerion, hermano mayor de mi padre, me observa con el rostro congestionado por la ira. Frente al ventanal, veo como se gira hacia mí el señor de Rocadragón.

- Mi señora, ¿me ha hecho llamar?. Pregunto haciendo una leve reverencia con la cabeza.

Antes de que mi madre pueda responder, comienza a hablar Varathor de Rocadragón. 

-Hoy es el aniversario de la muerte de mi hijo Vyadarr, siendo tu apenas un niño. Hasta ahora y por deseo de tu madre, has sido educado en el acero y en la venganza.

La tensión rodea la sala. Sé que esas palabras son ciertas. Mi madre había puesto todo su empeño en que fuera adiestrado por los mejores. Había pagado maestros y veteranos para que me enseñaran a luchar, a pelear. Aún recordaba meterme en la cama con el cuerpo lleno de moratones. Para mi madre, el dolor era un buen maestro. Ella alimentaba el odio en mi interior con el recuerdo de la muerte de mi padre, de la traición de los rebeldes y el ultraje al que fue sometido su cuerpo. Yo no tuve infancia, pero ¿quien la quería?, yo sólo quería una cosa… Venganza.

- Por tus venas corre pura sangre Targaryen, la sangre de los dragones. Continuó Lord Varathor. - Eres el tercero de nuestro nombre. Eso era algo que nunca había pensado, al haber muerto los dos hijos menores de Varathor Targaryen y no haberse casado Lord Ishkerion, yo era el tercero en la sucesión del trono.

- Por lo tanto, quiero que a partir de hoy, seas instruido guarda del fuego eterno. Sentenció con rotundidad.

Los guardas del fuego eterno, eran los únicos que tenían contacto con los dragones. El último de ellos era Ragnathros “el Terror Rojo”. El gran dragón, que únicamente había sido montado por Ishkerion de Rocadragón. Decían que ante ellos, el cielo se volvía de fuego, y nadie podía escapar de su ira.

- Yo no necesito ayuda. Soy el último dragón, el último jinete, y nadie podrá ser guardián sin más dragones que montar. Protesta Lord Iskerion golpeando la mesa con el puño.

- Que sea la última vez que me contradices. El silencio se hace presente ante el rugido del señor de Rocadragón. – Irá contigo, lo instruirás como hace años hice yo contigo y tus hermanos. Y nunca olvides que su padre fue quien murió en la trampa que los rebeldes tenían preparada para ti en Harrenhall.

Por primera vez en mis 23 años de vida, veo a mi tío ceder en una conversación. Su arrogancia innata, propia de nuestra sangre, se esfuma mientras bajaba la cabeza ante la penetrante mirada de su Señor. - Ya está decidido. Recalca mientras se dirige a la puerta y sale por ella. Mi tío siguiéndolo con gesto serio, pasa a mi lado y me dice con odio: – Te quiero en el foso mañana al alba.

Mi madre, se levanta y viene hasta mí. Me abrazaza y puedo observar como las lágrimas caen por su rostro. – Honra la memoria de tu padre, el día de la venganza se acerca y el fuego consumirá a sus asesinos. Su pena da paso a la rabia. Me he acostumbrado tanto a su odio, que ya no recuerdo haberla visto reír.

- Demuestra que eres hijo del gran Viadarr “El valiente”. Hazte imprescindible, crece y cuando sea el momento, tu momento, desata la ira del dragón sobre todos nuestros enemigos. Susurra a mis oídos.

- Así será, madre. Las palabras brotan de mis labios apretados por el odio del recuerdo de mi padre, de cómo clavaron su cabeza en una pica como si fuera un vulgar ladrón de ganado. No, las cosas no quedarán así. Yo alcanzaré la venganza, llevaré a mi casa donde debe de estar, y gobernaremos los 7 reinos. Porque yo soy un Targaryan, Vyathor Targaryan.




jueves, 8 de mayo de 2014

Campaña: "Señores de Antaño" - Episodio VIII


22:30 Horas, 4 de mayo de 1198.
Camino hacia Rudna, Norte de Transilvania.

La carreta marchaba a toda velocidad por los solitarios caminos hacia Rudna, en su interior, Gerhard y Michael habían despertado hace horas tras la puesta de sol. Apenas faltaban un rato para llegar hasta la aldea, pero ya habían decidido como actuar para conseguir que los aldeanos colaborasen en la construcción de la fortaleza.

Cuando llegaron al poblado, los estaba esperando un gran número de personas, los saludaron con respeto y los hicieron pasar a la sala donde la noche anterior habían tratado con el anciano. Con el consejo del pueblo reunido, Gerhard tomó la palabra y con ese aura regia propia de los ventrue les informó de que eran los señores designados por el conde Radu para hacerse cargo de la zona y que debían de pagar tributo como corresponde a los vasallos. Valorando las distintas opciones que expuso, el consejo acepto el contribuir a la construcción con 3 grupos de 25 hombres que rotarían cada 2 días, debido a que sus tierras no permitían ausencias mayores. Con ese trabajo sustituirían el coste del tributo y además les sería comprado todo el excedente de sus cosechas para los obreros de la fortaleza. 

Satisfechos con la propuesta y con la promesa de que en 2 noches estarían en el paso los primeros obreros, se plantearon un nuevo destino para su caravana, ya que quedaban otros 4 pueblos por visitar. Pero antes, volverían hasta el paso para la reunión que tenían con la enigmática Lucita.




23:55 Horas, 4 de mayo de 1198.
Ruinas de la Antigua Torre, Paso de Tihuta.

Apenas quedaban unos minutos para la hora de la reunión y sus compañeros no habían vuelto de su viaje hasta la aldea de Rudna. Los soldados montaban guardia en el perímetro del campamento, mientras Juan miraba con insistencia hacia el camino por donde tendría que volver el carruaje. 

Llegada la hora, Pavlov y Juan se dirigieron hasta el lugar indicado, donde una figura emergió de las sombras. Por su contorno y sus bellos rasgos la reconocieron inmediatamente como Lucita la Lasombra. Con su media sonrisa, les pregunto si ya habían meditado su propuesta y si compartirían con ella la información encontrada en las tablillas. Juan, tomando de nuevo la iniciativa se volvió a negar y le dijo que no negociarían con ella hasta que llegasen sus compañeros. A lo que ella respondió en su castellano natal que era una pena que fuera un pelele en manos de otros vástagos y que le sorprendía que alguien de su clan se mostrará tan supeditado a los demás.

Mientras esta conversación se producía, Pavlov, malhumorado por no entender nada por segunda noche consecutiva, protestó a su compañero y le exigió que hablase en latín. Juan, pasando de su aliado, continuó discutiendo con Lucita es español, hasta que ella viendo la tensión entre los vástagos, se dirigió directamente hacia el Tzimisce y le preguntó si este también estaba bajo las órdenes de los ausentes. 

Enfadado con su compañero y decidido a dar por zanjado el asunto, Pavlov le relató los primeros versos de las tablillas, frente a las protestas de Juan. Satisfecha con lo obtenido e ignorando al Lasombra, Lucita le agradeció sus palabras y le dijo que no olvidaría aquel gesto de buena voluntad en el futuro. Dicho esto, se desvaneció entre las sombras con la misma facilidad con la que había aparecido.

Con al ambiente muy tenso entre los vampiros, esperaron hasta la llegada de sus compañeros que se produjo a penas una hora después. Ya todos reunidos, discutieron Juan y Gerhard contra Pavlov, siendo Michael el que mantuvo una actitud más reflexiva ante el asunto. Finalmente, el brujah medió para que dejaran a un lado sus rencillas personales y se preocupasen del objetivo común que era la construcción de la torre. A regañadientes, todos aceptaron esa circunstancial tregua y planearon que el día siguiente sería Juan el que se quedaría a solas en el campamento, yendo el resto hasta el poblado de Motavia, ya en territorio ruso. Con ese propósito se retiraron a descansar conforme despuntaban los primeros rayos del sol en el horizonate.


lunes, 14 de abril de 2014

Campaña: "Señores de Antaño" - Episodio VII


21:00 Horas, 3 de mayo de 1198.
Ruinas de la Antigua Torre, Paso de Tihuta.


La oscuridad empezaba a cubrirlo todo cuando la roca que bloqueaba el acceso a la antigua biblioteca fue desplazada por las poderosas manos de Michael Beauchamp. Tras él, salieron el resto de vampiros de su refugio diurno. 

El día en el campamento había sido tranquilo, y los hombres habían comenzado a retirar los escombros de la zona, amontonando los restos de madera de la antigua torre a un lado para usarlos de combustible para la noche.


Lo primero que hicieron fue reunirse para planificar sus próximos movimientos. Debían de buscar financiación para la construcción y peones para llevarla a cabo. Pensaron que la mejor manera era visitar los poblados sobre los que tenían influencia y decidieron que dos de ellos viajarías hasta Rudna,el pueblo transilvano más cercano al paso, mientras los otros dos se quedarían en el campamento, protegiéndolo. 

Antes de partir, Michael y Pavlov fueron a inspeccionar los alrededores para asegurarse de que no hubieran intrusos o peligros. Desde las alturas se podía intuir perfectamente el valle que llegaba hasta el paso y las enormes masas de roca que lo flanqueaban. Mientras el tzimitce comprobaba la zona más baja del paso, el brujah encontró el rastro de los que parecían ser cabras salvajes. Decidido a aprovechar la ocasión para alimentarse, se lanzó a la caza hasta que dio con uno de aquellos animales. No era lo que los demás vástagos habrían preferido, pero si podía evitar beber de los humanos, lo haría. Así se lo había instruido su sire y así intentaba no dar rienda suelta a la bestia que habitaba en su pecho.

Cuando llegaron de vuelta al campamento, Juan de Córdoba que había pasado gran parte de la noche anterior descifrando parte de las tablillas de arcilla, había conseguido un breve borrador del texto que contenían y después de releerlo varias veces, se lo tendió a los demás para que pudieran analizarlo. La traducción decía así:



Miradas de preocupación se cruzaron entre ellos durante unos segundos y decidieron que aquellas tablillas parecían contener información importante, así que las mantendrían a bien vigiladas. 

Michael decidió que antes de emprender el viaje hasta Rudna, se vestiría con ropas de sirviente, para que si algún enemigo estaba vigilando el campamento, pensara que tres de ellos permanecían allí para protegerlo. Una vez en la caravana, se pusieron en camino. Junto a los restos de la vieja torre, se quedaron Pavlov y Juan, que organizaron los turnos de guardia.

Tras varias horas de viaje por tierras transilvanas, el carruaje llego hasta un conjunto de granjas de adobe y madera que formaban el pequeño poblado. Bajaron del carro y decidieron traquear en la casa más grande. Después de golpear con insistencia la robusta puerta de madera, alguien se asomó desde la ventana superior. Con una voz atronadora, les preguntó quienes eran y porque molestaban a unas horas tan intempestivas. Gerhard, utilizando el carisma especial que poseía, le dijo que eran viajeros de paso y que la noche los había pillado de manera imprevista, y que si les podía ofrecer refugio.

El desconocido no pudo evitar ser influido por las palabras del Ventrue, e inmediatamente se apresuro a bajar y abrir la puerta. Ya en el interior, sentados en la mesa del comedor frente al fuego, lo interrogaron sobre el pueblo y sobre quien gobernaba la aldea. Al conocer que era un consejo de ancianos, le propusieron tener con ellos una entrevista, que se produciría la siguiente noche y en la que les ofrecerían un sustancioso negocio para el poblado. Con la promesa de que tendrían dicha reunión, se despidieron del hombre y volvieron hasta la diligencia para regresar al paso.

Mientras estos hechos tenían lugar, Juan y Pavlov discutían sobre como organizar de manera más efectiva los turnos de trabajo. La niña que los acompañaba se acercó a ellos y señaló hacia el exterior del campamento. Allí, una figura rodeada de sombras los miraba con curiosidad. 

Juan se acercó hasta ella y Pavlov, tras poner en alerta a los centinelas, lo siguió hasta quedar a su lado. Frente a ellos, la vampiro de la noche anterior los saludó con educación. Les dijo que su compañero seguía muy interesado en cualquier documento que hubieran encontrado y que si les permitieran acceder a esa información, no les darían ningún problema. Juan, que tomó la voz cantante en la negociación, se negó a ello, pero sin darse cuenta comentó que las tablillas estaban bien custodiadas. 

Satisfecha con la nueva información que había conseguido, la Lasombra se dirigió a él en español, idioma desconocido por Pavlov, y le dijo que a cambio de la información de las tablillas, se comprometía a tenerlo informado de todo ello cuanto se enterase. Información por información. Sin atender a razones, Juan se negó en redondo y le propuso negociar la noche siguiente tras haberlo consultado con el resto del grupo. Pavlov, enfadado por la descortesía de usar un idioma desconocido para él, no dudó en mostrar su enfado hacia su compañero. Ante una desconocida estaban mostrando una división evidente y peligrosa. Con una enigmática sonrisa, Lucita se despidió hasta la noche siguiente y de manera imperceptible se fundió con las sombras de su alrededor. 

La noche no había tocado su fin cuando llegó el carromato a las ruinas. El ambiente había sido tenso desde que se había marchado la visitante y cuando descendieron Michael y Gerhard, todos se pusieron al día con las circunstancias que habían vivido. Con los primeros rayos del alba despuntando en el horizonte, decidieron que a la noche siguiente volverían a visitar el poblado para asistir a la reunión, pero dormirían en el carro, para adelantar el viaje y la llegada. A ver si así podían estar presentes durante la próxima visita de la Lasombra. Con todo decidido se refugiaron del sol que empezaba a salir desde el este.


martes, 1 de abril de 2014

Campaña: "Señores de Antaño" - Episodio VI


22:30 horas, 2 de mayo de 1198.
Paso de Tihuta


Apenas a unas decenas de metros de las ruinas, bajaron del carro para debatir sobre su siguiente movimiento. Desde aquel alto, las vistas del paso eran impresionantes y se podía distinguir con claridad a cualquiera que intentase cruzar por allí los Cárpatos.

Mientras comentaban las distintas posibilidades que tenían para comenzar su proyecto, Juan de Córdoba decidió acercarse para explorar más de cerca las ruinas, ya que había visto de soslayo el reflejo de un haz de luz entre los restos de la torre. Así avanzó con las sombras ocultando su presencia. 

Cuando apenas estaba a unos metros, pudo oír como una voz cantaba despreocupadamente un viejo himno en un idioma desconocido para él. Michael, que había seguido la estela de su compañero, le indicó que avanzaran para observar de donde procedía. 

Un individuo con aspecto desaliñado y con una coraza bastante deteriorada se afanaba cavando con dificultad entre los restos de lo que un día fué la torre. Tomando posiciones, los vástagos salieron de su escondite y exigieron al desconocido que se identificase.

"-Benditos seáis. Bienvenidos al lugar de las revelaciones. Soy Anatole, Buscador de lo que se perdió y volverá a las manos de los escogidos por Dios. Vuestra llegada es la señal que  he estado esperando mucho tiempo. El campo esta en barbecho esperando la semilla de la sabiduría tanto tiempo enterrada. Debemos de apresurarnos, pues esta próximo el tiempo en que todos necesitaremos palabras de consejo. Juntos podremos las señales en el camino de la salvación". Mientras hablaba, había dejado la tabla y su voz parecía la de un predicador.

Tras unos momentos de desconcierto, los recién llegados exigieron saber más de que hacía en "su" territorio, a lo que Anatole respondió que debían de ayudarlo a escavar para encontrar los escritos de sus visiones. Gerhard y Pavlov que se habían quedado en la caravana, se sumaron en este momento a la escena. 

Desde las sombras, más allá del radio de luz de las antorchas, apareció una figura femenina, que se presentó con el nombre de Lucita. Les dijo que no querían reclamar ningún tipo de posesión ni control sobre el lugar o las cosas que pudieran encontrarse allí. Sólo leer los documentos que encontrasen sería suficiente para ellos.

Juan, que había tomado la voz cantante desde el principio se negó alegando que todo lo que hubiera allí era de su posesión. Aunque si desenterraban para ellos esos documentos, quizá se los dejasen leer. Ya que para él, debían de ganarse su confianza haciendo todo el trabajo duro.

Michael, sorprendido ante la aparición de la desconocida y preparado para actuar, se fue acercando para poder actuar contra ella si fuera necesario. 


Una imperceptible mirada se cruzó entre los desconocidos y por última vez, ofreció Anatole el colaborar con los cuatro cainitas. Estos, en boca de Juan, volvieron a negarse, contemplando únicamente que los recién llegados hicieran el trabajo duro de conseguir acceder a los documentos sin la promesa de que compartirían el conocimiento que guardaran.

De manera casi imperceptible, Anatole y Lucita se perdieron en la noche, mientras dejaban al resto perplejos ante la facilidad y poca insistencia que habían mostrado por algo aparentemente tan valioso.

Ya solos, rodeados por el silencio, decidieron establecer el campamento entre las ruinas de la torre. Mientras los humanos montaban guardia y desmontaban los equipajes, buscaron algún indicio que mostrase la existencia de un nivel inferior más allá de los restos calcinados de la viaje torre.

Sherazina, llamó aparte a Michael y le dijo con ese húngaro tan pobre que hablaba que ella recordaba esa torre de sus días de niña, ya que su familia pasó un tiempo como custodios del paso. Además le indicó que bajo la construcción ella recordaba una sala llena de libros. 

Con ánimos renovados con la nueva información, decidieron mover uno de las enormes piedras que formaban los antiguos cimientos y tras un enorme esfuerzo, Michael consiguió mover lo suficiente una de las pesadas rocas tras la cual quedó ante ellos una escalera hacia abajo parcialmente enterrada.

Cavaron con ahínco hasta que pudieron deslizarse por el agujero. Algo tan impropio para Gerhard que tuvo que reprimir su enfado de verse arrastrado por el barro como una serpiente.

Ante ellos tenían los restos de lo que fue una extensa biblioteca. Intentaron tomar los libros entre sus manos, pero el paso del tiempo y la humedad los habían deteriorado sobre manera y como polvo se deshacían por el simple contacto. La información y el conocimiento del pasado se les escurría entre los dedos.



Tras una exhaustiva busqueda, encontraron unas tablillas con escritura cuneiforme. Hasta un total de 13 tablillas de arcilla y entre ellas, un códice de oro que combinaba términos en latín con los extraños símbolos. Juan dijo que podría intentar traducir las tablas con el tiempo suficiente y mientras los demás organizaban el campamento en el exterior, él se dedico el resto de la noche a desentrañar los secretos ocultos escritos en aquellos trozos de barro.
 

lunes, 17 de marzo de 2014

Campaña: "Señores de Antaño" - Episodio V


04:30 horas, 26 de abril de 1198.
Alrededores de la ciudad de Klausenburg



Los carros eran pasto de las llamas, formando dos piras de fuego que se elevaban hacia el cielo devorando cuanto habían sido. A la distancia, los soldados ayudaban a los miembros de la comitiva que habían sido heridos en la emboscada. 

La figura que observaba desde la enorme caravana bajo los tres escalones que lo separaban del suelo y antes de que pudiera hablar, Juan de Córdoba le agradeció en latín la ayuda prestada. Con una media sonrisa, se dirigió directamente a ellos y les dijo que había sido lo mínimo que podría hacer por unos camaradas. Dando a entender que compartía sus orígenes cainitas.

Tras las presentaciones, Myka Vykos, que era el nombre de su benefactor, se ofreció a llevarlos hasta un lugar seguro. Siempre que no le supusiese desviar su ruta hacia Bistritz. Los cuatro vástagos se sorprendieron por la fortuna de compartir destino con Vykos. Más tarde, ya de camino, se dieron cuenta de que no sólo habían perdido sus pertenencias, sino la totalidad de los vales de crédito que su patrón les había dado para acometer la construcción de la fortaleza.

La gran diligencia de Myka Vykos era muy espaciosa y confortable. El viaje continuó hacia el norte sin incidencias y se sucedían las conversaciones entre los viaeros. Myka, que compartía la sangre tzimitce con Pavlov, mostraba un cortés interés por el destino y objeto del viaje de los vástagos. Estos también conocieron que el motivo de la visita de su anfitrión a Bistritz era entrevistarse con el Conde Radu para renovar acuerdos diplomáticos.

Con el conocimiento de que habían perdido todo cuanto tenían, su benefactor les consiguió ropas limpias e incluso se ofreció a prestarles una pequeña suma para que pudieran afrontar sus gastos ordinarios.

En la última aldea antes de llegar a su destino, dejaron a los heridos al cuidado del boticario local y continuaron su marcha. La noche del 30 de abril de 1198 llegaron hasta la muralla exterior de Bistritz, donde una guardia los acompañó hasta el patio de armas de la fortaleza del Conde Radu.

Con los caballos bufando por el esfuerzo y mientras bajaban de la enorme caravana, la gran puerta que tenían ante ellos se abrió y salió a su encuentro el Conde Radu. Saludó cortésmente a Vykos y tras conocer la identidad de los demás vástagos los condujo a una sala de reuniones en lo más profundo de la construcción.

Una vez reunidos en aquella sala, en torno a una gran mesa de madera oscura, relataron a su patrón el incidente que habían tenido en el camino y la desgracia de haber perdido las reservas de las que los habían provisto. Radu, con el gesto serio, no dudó en hacerlos responsables de la pérdida, aunque se sorprendió mucho que sobrevivieran al ataque de Mitru "el Cazador". Ese gangrel era el actual príncipe de Klausenburg y era conocido por la fiereza con la que defendía su territorio de cualquier vástago que osara entrar en él. 



Tras un silencio incómodo en que la tensión se podría cortar en el ambiente, el conde Radu relajó su gesto y comentó las grandes palabras que había recibido de sus sires, alabando sus grandes capacidades. Así que aseguro que no había problema y que estaba seguro que encontrarían financiación para continuar con el plan original a pesar del revés sufrido en el camino. Además les recordó que tenían autoridad para cobrar peaje en el paso e impuestos a las aldeas cercanas, así como para contar con la mano de obra que necesitaran de las mismas. 

Con el ambiente más distendido, los vástagos plantearon la necesidad de contar con un arquitecto que pudiera diseñar la construcción que les habían encargado. Radu se mostró de acuerdo y les indicó que haría llamar al Maestro Zelios. Un nosferatu que había diseñado todas las fortalezas de la región, y que incluso había diseñado el castillo en el que estaban. El conde se mostró relajado y les invito a que lo acompañaran para ver todas las dependencias, Así podrían coger ideas para la fortaleza que debían de construir.

Cuando la velada tocaba a su fin, el patrón los invito a descansar en las estancias que habían preparado para ellos, ya que tenía que tratar asuntos privados con Myka Vykos. Además les dijo que tendrían a su disposición un carro acondicionado en el que podrían desplazarse hasta  el paso de Tihuta y la promesa de que enviaría algunos trabajadores lo antes posible para poder comenzar las obras.

Dos noches después, comenzaron la marcha hacia el paso de Tihuta. El avance era lento y pronto las empinadas cuestas que ascendían hacia los Cárpatos hicieron del viaje una marcha tediosa. Los caminos de roca eran incómodos para los ocupantes del carromato y las enormes pendientes que habían junto a la ruta aumentaban la peligrosidad del ascenso.

Casi una semana después de abandonar Bistritz, llegaron hasta el paso. Los restos de una antigua torre de madera calcinada les indicaba el sitio donde debían de comenzar su proyecto. Descendieron del carro en mitad de la noche, agotados por el viaje y por primera vez se encontraron frente al desafío al que les habían enfrentado sus Sires.


CONTINUARÁ....